Me encontraba yo, en ese sofá junto a la chica de mis posibilidades.
- es extraño ¿sabes? – dijo Amber.
- ¿Qué es extraño? – le pregunté comprendiendo que la chica había comenzado a sufrir los efectos de mis juegos mentales.
- Que de pronto, siento unas ganas terribles de estar cerca de ti – dijo la chica sin dejar ningún espacio libre entre nosotros.
La bese sin vacilar y espere que tal vez mi pequeño radar diera su efecto pero…nada pasaba aun.
Esperando que tal vez funcionara con más contacto, continúe besándola. Sus labios no eran nada comparados a la chica que tomaba mi mente, cuando había otra conmigo, yo extrañaba los labios de Kathleen, a esos los quería a toda costa.
Besar a otra chica se sentía extraño – eso no era común en mi – con Amber a mi lado, me sentía incomodo, yo no quería esos labios, yo no quería esos ojos, yo quería solo a una persona y su recuerdo no me permitía estar con alguien más.
Sin tomar control de mis acciones, Amber estaba con sus penosos intentos de tomar de mi, más de lo que tenia planeado… entonces me puse pie.
- ¿Qué haces? – dijo la chica.
No tome en cuanta sus palabras y comencé a caminar hasta la puerta.
- esto es un error – dije asombrado de mis propias palabras.
En todos mis años de vida, había estado con montones de mujeres y, nunca había sentido que algo estaba mal.
- ¿ves lo que me estas provocando Kathleen? – pensé, tal vez con la intención de que me escuchara a la distancia.
Amber me miraba con una cara de indignación, ella estaba enfadada y tal vez avergonzada.
- ¿es una especie de broma? – preguntó – eres un ángel caído, ¿me vas a decir que eres un santo ahora? Podría apostar, si es que queda algo de mi alma, a que tu estas reconocido por varios pecados. Verdad Alessio, por que ¿ese es tu nombre?
¿Mi nombre? ¿Ella conocía mi nombre?, si de algo estaba seguro, es de que nunca le había mencionado mi nombre.
Active todos mis sentidos, a cualquier movimiento de la chica. Estaba claro que ella sabia de mi llegada.
- yo nunca mencione mi nombre – recorrí todo su alrededor como un depredador mientras hablaba.
- Erick me lo menciono, el es muy amable – me dedico una sonrisa, cuando la acción de sus palabras mi cara indicó algo de asombro –él me dijo de que tal vez me visitarías, es una lastima que yo no te sirva… pero te diré algo, disfruté nuestro jueguito.
Mis puños se cerraron con fuerza y con la misma fuerza que se apoderaba de mí, lo decidí . Quería vengarme de Erick, quería eliminarlos a todos, quería acabar con todos.
- que divertido será contarle a Erick sobre nuestro encuentro, sobretodo la parte en donde te arrepientes – Amber continuaba con su sonrisa se hielo.
- No le contaras nada a Erick – le dije firmemente.
- ¿Por qué no Alessio? ¿me enviarás a un convento? – dijo imitando un todo de voz extraño que agotó mi paciencia.
- No podrás decir nada por que, los muertos… no hablan – le dije tirándome sobre ella.
Dejé recorrer en mí toda la adrenalina acumulada y me abalancé sobre ella .Rodamos en el suelo, golpeando nuestros cuerpos con el frío piso de cemento. Ahí estábamos mi enemiga y yo explotando de pasión, pasión por la destrucción.
Amanda trataba de defenderse, con sus capacidades activas, la maldita era fuerte, pero con el poco control sobre sus poderes, era una presa fácil que pronto podría acabar.
Como dos animales, nos colocamos de pie y nos miramos de manera desafiante dando vueltas, por la ya destruida sala.
Poco a poco, su mirada me permitió enviar hacia ella la confusión, luego de unos segundos, mareada tropezó y perdió estabilidad.
Sin dudar un segundo, me lancé hacía ella antes de que cayera de bruces, la tomé por los hombros y la azoté contra una pared cercana. Su cabeza golpeó contra el muro haciendo un desagradable sonido, era el sonido que hacia la piel rasgándose y dejando al descubierto algo de cráneo molido. Ella callo semi cociente, volví a tomarla para que no quedara espacio a dudas, ella debía saber quién era el jefe. La lacé a una esquina de la habitación y me tiré sobre su cuerpo.
En mis manos sostuve su garganta, por su nuca comenzaba a caer ese fluido calido, desagradable, ese fluido que no tardaba en darme como vencedor, su sangre caía sin compasión sobre mi mano. Amanda se encontraba presionada contra la pared, deseando que le pusiera fin a la tortura. Desesperada pateó en todas direcciones, con sus manos trataba de aniquilarme sin conseguir más que algunos rasguños sobre mi piel. Lo que empezó como gritos de terror, terminaba en susurros de auxilio inaudibles que alimentaban mi orgullo. Apliqué un poco más de presión sobre la tráquea hasta que finalmente me dedicó su última mirada, acompañada por su último aliento, solté su cuerpo sin vida.
Sobre mi cuerpo, comenzó a rodearme una sensación ya conocida en mí, era el poder. Con solo saber las cosas que podía lograr en mi condición, una sonrisa se dibujo mi rostro, eso era lo que quería, eso era lo que yo tendría, pero para eso tenia que dejar de pensar en Kathleen.
- que haremos contigo – dije sonriéndole al cuerpo sin vida de Amber.
Tome su cuerpo en mis brazos lo dejé sobre el sofá, camine a la cocina y solté todas las salidas de gas licuado y junto al cadáver una pequeña vela encendida.
- solo será cosa de tiempo – pensé.
- Que terrible accidente – le dije echando un ultimo vistazo, dejando la puerta cerrada detrás de mi.
Yo era sin dudas, un asesino experto y uno de los mejores, yo cometía aquello que llamamos “el crimen perfecto”.
Tomé un taxi lejos del lugar en el que me encontraba anteriormente. Mi próximo destino, volvía a cuidad vaticano.
Dentro del vehiculo, mi cabeza volvió en calma, Kat retornaba a mis pensamientos, provocándole una confusión.
Una parte de mi, quería todo aquello que nuestros planes ofrecía, el sacrificio de Kathleen nos lo permitiría casi todo, el control absoluto.
La otra parte de mi, quería proteger a Kathleen y la deseaba de todas formas, esa parte era la que se encontraba bajo los efectos del enamoramiento.
Pero en mi mente no sabia a quien obedecer, yo no podía obtener las dos cosas por más que las deseara.
En mis pensamientos, mi mente se fue lejos de mí, estaba en la ventana. En la calle, había una pareja de enamorados caminando de la mano. Por un momento cambié los papeles e imaginé que ellos, eran Kathleen y yo. Un calor extraño recorrió todo mi cuerpo y sin darme cuenta estaba con una sonrisa en mis labios.
Yo sabia que Kathleen me amaba, también sabia que una parte de mi la amaba, pero lo que no podía saber, era acerca del destino, si le ayudaba y la mantenía con vida, tal vez ella no me amaría si con eso descubre mi condición de angel caido y, de pensar, en que tal vez ella libre, se fuera lejos con alguien mas, no era algo que me gustaba.
- vamos Alessio – me dije – un tipo como tu, no es bueno para ella.
Eso era, tenia que pensar de esa manera para tal vez peder esperanzas y alejarme, cumplir con mi trabajo.
Mi cabeza estaba tan confundida, de un modo en el cual no sabia si obedecer al pequeño demonio de mi hombro derecho o al otro demonio de mi lado izquierdo.
miércoles, 10 de marzo de 2010
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